El ingeniero físico nuclear Vake Dossen era uno de los pocos hombres de los muchos mundos habitados en el siglo XXX capaz de hablar, con conocimiento de causa sobre la «transportación material», porque, gracias a él, precisamente, el invento de Marcus Oxwell era casi una realidad.
Y en torno a ello giraban las preocupaciones del ingeniero Vake.
Llevaba una semana discutiendo con el Consejo Científico de Mank acerca del hallazgo de tantalato de energio en un sistema planetario situado en los confines de la Galaxia. Un mundo o mundos —todavía no determinado— cuyo reconocimiento radioecópico había mostrado el elemento mineral necesario para perfeccionar los núcleos intensores de la teleportadora de Oxwell.